Una investigación periodística de 18 meses realizada por Ronan Farrow para The New Yorker ha destapado las profundas preocupaciones sobre la veracidad de Sam Altman, CEO de OpenAI, basándose en testimonios de más de 100 fuentes dentro y alrededor de la compañía.
El reportaje, que incluye extensas conversaciones con el propio Altman, detalla un patrón de comportamiento donde el ejecutivo sería «unconstrained by the truth» (no limitado por la verdad). Fuentes describen una combinación peculiar de rasgos: «un fuerte deseo de complacer a las personas, de ser querido en cualquier interacción, y una falta de preocupación casi sociópata por las consecuencias que puedan venir de engañar a alguien».
La investigación arroja nueva luz sobre su despido en 2023, revelando que las acusaciones de deshonestidad fueron más específicas y documentadas de lo que se conocía públicamente. Se cuestiona la transparencia de la investigación interna realizada por el bufete WilmerHale, que según el reportaje se mantuvo en brevesings orales sin un informe escrito exhaustivo.
Farrow señala que, aunque Altman atribuye este comportamiento a una «aversión al conflicto» y un deseo de agradar, inversores y ejecutivos (incluidos altos cargos de Microsoft) expresan preocupación por cómo este rasgo afecta a la gobernanza de una empresa que maneja tecnología con riesgos existenciales. Un ejecutivo de Microsoft llegó a sugerir que existe «una pequeña pero real posibilidad» de que el legado de Altman se compare con el de estafadores como Bernie Madoff.
El reportaje se publica en un momento crítico para OpenAI, que se prepara para su esperada OPI, y plantea preguntas fundamentales sobre la responsabilidad y la supervisión en la industria de la IA, donde los incentivos de crecimiento a menudo chocan con las promesas de seguridad.
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